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Cielo de Nueva Jersey: Testigos de los arcoíris supernumerarios y la naturaleza ondulatoria de la luz

04 October 2026 · 1 min read

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Article image by Gizem Gökce
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Atlantic City, Estados Unidos, Fuente:

El cuatro de octubre de 2026 los cielos de Nueva Jersey ofrecieron un espectáculo poco común que cautivó a fotógrafos aficionados y entusiastas de la meteorología. Tras el paso de los restos de una tormenta por la costa del estado apareció un arcoíris convencional en una dirección. Sin embargo el fenómeno observado en sentido contrario robó el protagonismo. Los vibrantes arcoíris supernumerarios parpadearon durante treinta minutos y crearon una exhibición hipnótica con al menos tres bandas distintas capturadas en una sola toma.

Los arcoíris supernumerarios no son solo curiosidades estéticas. Constituyen una prueba visual directa de la naturaleza ondulatoria de la luz. A diferencia de los arcoíris primarios y secundarios explicados por la óptica geométrica mediante reflexión y refracción estos arcos requieren la óptica ondulatoria para su comprensión. Estas tenues bandas de colores pastel se sitúan dentro del arco primario y suelen estar muy juntas entre sí. Su formación exige condiciones atmosféricas específicas donde las gotas de lluvia caen uniformemente pequeñas generalmente con un diámetro inferior a un milímetro.

Cuando la luz solar penetra en estas minúsculas gotas no solo se refleja sino que también se difracta. Esta difracción hace que las ondas luminosas interfieran entre sí de manera similar a las ondulaciones que genera una piedra lanzada a un lago tranquilo. Los patrones de interferencia constructiva y destructiva producen las alternancias de bandas brillantes y oscuras típicas de los arcoíris supernumerarios. La nitidez de estas bandas resalta la interacción precisa entre el ángulo solar la distribución del tamaño de las gotas y la posición del observador.

Históricamente la existencia de estas bandas adicionales planteó un enigma para los primeros científicos. A principios del siglo XIX su presencia se consideró una de las primeras pruebas que respaldaban la teoría ondulatoria de la luz desafiando las teorías corpusculares dominantes en esa época. En la actualidad contemplar un ejemplo tan claro sigue siendo un privilegio. Para quienes levantan la mirada estos arcos efímeros sirven como un hermoso recordatorio de que el mundo natural opera bajo principios físicos complejos convirtiendo lluvias comunes en laboratorios de ciencia óptica.