Cómo Ozempic ayudó a los investigadores a encontrar el centro de antojos del cerebro
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Nueva York, corresponsal de MMN. Imagina esto. Caminas por una calle conocida y el olor de pizza recién hecha flota en el aire. Aparece un recuerdo, seguido de una fuerte sensación de que quieres un poco. Ese momento, cuando un pensamiento se convierte en un antojo, es una de las capacidades más notables del cerebro. Nos ayuda a encontrar comida, agua y otros elementos esenciales. Pero cuando ese antojo se vuelve demasiado fuerte, puede llevar a patrones compulsivos como comer en exceso, la dependencia del alcohol y otras conductas adictivas.
Durante décadas, los científicos han buscado el interruptor neurológico detrás de este proceso. Han explorado las vías de la dopamina, los centros de recompensa y muchas regiones relacionadas. Ahora, una clase popular de medicamentos para la diabetes les ha dado una pista inesperada. Ozempic y Wegovy, ambos agonistas del receptor GLP-1, fueron diseñados para controlar el azúcar en sangre. También redujeron el peso corporal de maneras sorprendentes. Y entonces apareció algo aún más interesante. Las personas con menos apetito notaron cambios en otros antojos también.
Los pacientes que tomaban estos medicamentos informaron menos interés en el alcohol y el tabaco. Los estudios preclínicos respaldaron esas observaciones. Los agonistas de GLP-1 redujeron el consumo de alcohol, la ingesta de nicotina e incluso la búsqueda de cocaína en animales. Esto planteó una pregunta fascinante. ¿Dónde actúan estos medicamentos en el cerebro para silenciar los antojos?
Primero llegaron los sospechosos habituales. El área tegmental ventral y el núcleo accumbens han dominado la investigación de la adicción durante años. Estas regiones ricas en dopamina son esenciales para procesar las recompensas. Sin embargo, los receptores de GLP-1 son escasos allí. Esa discrepancia llevó a los investigadores a buscar en otra dirección, hacia una estructura menos conocida llamada septo lateral.
El septo lateral no es un recién llegado a la neurociencia. En 1953, Joseph Brady y Walle Nauta notaron que los animales con daño en esa zona se volvían extremadamente reactivos y agresivos. Llamaron a ese efecto furia septal. En cambio, estimular el área producía calma. Trabajos posteriores relacionaron el septo lateral con el control emocional. Su posible papel en la recompensa permaneció casi invisible hasta que llegaron mejores herramientas.
La visión moderna sitúa al septo lateral en el centro de una red que conecta el hipocampo con la maquinaria de recompensa del cerebro. El hipocampo aporta información sobre el lugar y el tiempo mediante las células de lugar. Te dice dónde estás y en qué parte de una rutina te encuentras. El septo lateral recibe esa información y añade otra capa. Sus propias células de lugar responden al valor gratificante de un lugar. Así, la señal se convierte en algo como “este lugar es bueno, vuelve aquí”. Ese mensaje combinado viaja a las regiones de la dopamina y se transforma en motivación y deseo.
Esto coloca al septo lateral en una posición ideal para influir en los antojos. También está densamente cubierto de receptores de GLP-1, lo que lo convierte en un objetivo directo para medicamentos como Ozempic. Estudios recientes con animales encajan en este panorama. Activar los receptores de GLP-1 en el septo lateral redujo el consumo de alcohol. La misma intervención disminuyó la ingesta de comida. Experimentos de laboratorio también han demostrado que los medicamentos con GLP-1 cambian los patrones de activación de las neuronas del septo lateral de maneras que pueden reducir su capacidad para enviar señales de antojo hacia adelante.
Las implicaciones van mucho más allá de la pérdida de peso. Si esta región se puede modular con precisión, el mismo principio podría aplicarse al trastorno por consumo de alcohol, la adicción a la nicotina y otras conductas compulsivas. Una terapia dirigida al septo lateral podría abordar el antojo en sí mismo a nivel neuronal. Esa es una forma completamente distinta de pensar en la adicción.
Se necesita más investigación. El septo lateral es una estructura compleja con múltiples tipos de células, circuitos locales y proyecciones de largo alcance. Los científicos ahora trabajan para mapear qué partes son más importantes para la recompensa. Ya hay ensayos clínicos que prueban medicamentos con GLP-1 en personas con trastorno por consumo de alcohol, y los primeros resultados son alentadores. Si los resultados se mantienen, estos medicamentos podrían abrir un nuevo capítulo en el tratamiento de las adicciones.
Para cualquiera que alguna vez se haya preguntado por la intensidad de un antojo, este descubrimiento ofrece una explicación útil. Los antojos se generan en circuitos cerebrales específicos y el septo lateral está en el centro. Ese conocimiento aleja la conversación de la culpa y la acerca a la biología. Con este mapa en mano, los investigadores se acercan a tratamientos que coinciden con el proceso subyacente. El camino desde un medicamento para la diabetes hasta una posible terapia contra la adicción es un recordatorio impresionante de cómo la ciencia a veces encuentra sus respuestas más valiosas en lugares inesperados.